Granada por una Nueva Cultura del Territorio

Viento del Norte

Relato de Concha Casas

Sábado 8 de diciembre de 2007 por Ecologistas en Acción.

Del halcón aprendieron a tomar distancia para resolver sus problemas y encontrar soluciones a veces inesperadas. Del cuervo, intuitivo y siempre inspirado en su vuelo, a mirar más allá de lo obvio y a confiar en la sabiduría y la intuición interior. Escuchando al viento del Este adquirieron la determinación y la capacidad para luchar contra los obstáculos y el del Sur les otorgaba el coraje y la perseverancia para perseguir sus metas.

Concha Casas “Solo cuando se haya talado el último árbol, solo cuando se haya envenenado el último río, solo cuando se haya pescado el último pez, solo entonces descubrirás que el dinero no es comestible”. Esta sentencia fue una profecía que nació de la sabiduría de un pueblo viejo, un pueblo que respetaba a la naturaleza y vivía en armonía con ella, los indios Cree. También decían que el hombre no teje la trama del mundo sino que tan solo es una de sus hebras, de manera que todo lo que le hace a la trama, se lo hace a si mismo.

La pregunta es evidente ¿qué nos estamos haciendo?. Durante el pasado siglo el ser humano ha cometido las mayores atrocidades ecológicas que ni las peores pesadillas dantescas hubiesen alcanzado nunca a imaginar. Nos hemos ido apartando de nuestra esencia sin darnos cuenta del daño que nos infringimos.

Desde la más remota antigüedad la naturaleza fue la diosa que regía la vida de los humanos, sabían escucharla y oían sus consejos. La observaban para aprender de ella y cada una de sus criaturas les daba la clave para crecer y evolucionar. Del halcón aprendieron a tomar distancia para resolver sus problemas y encontrar soluciones a veces inesperadas. Del cuervo, intuitivo y siempre inspirado en su vuelo, a mirar más allá de lo obvio y a confiar en la sabiduría y la intuición interior. Escuchando al viento del Este adquirieron la determinación y la capacidad para luchar contra los obstáculos y el del Sur les otorgaba el coraje y la perseverancia para perseguir sus metas.

Todavía encontramos en nuestros mayores restos de esa sabiduría. Me contaba un viejo pescador cómo la “mobella”, el sonido que hace el viento cuando va a levantar la mar, les avisaba de la cercanía del levante. Y cómo por el solo hecho de escucharlo salvaron tantas veces sus vidas. Decía en su particular sabiduría “el que se acuesta mirando al cielo y viendo cómo el mundo da vueltas... ¿no va a aprender?

Es evidente que hemos dejado de mirar al cielo y a la tierra e incluso quizás a nosotros mismos, por eso hemos abandonado a nuestra madre primigenia y la vamos matando en una lenta agonía que contemplamos a nuestro alrededor, angustiados sí pero impotentes y resignados a su destrucción.

Cada día las imágenes sobre su agonía invaden nuestras pantallas, en todo el orbe ocurre igual y si no mirad a nuestro país donde una especulación desenfrenada parece empeñarse en acabar de un solo golpe con lo que tanto ha tardado en ser ... y todo esto para qué y en nombre de qué ¿de un supuesto progreso en forma de urbanizaciones de lujo rodeadas de campos de golf? ¿Es por eso por lo que sacrificamos cientos, miles de años de evolución?

El viento del norte llega este año cargado de dolor y su quejido se une al del Sur, desgarrado ante tanta iniquidad. Quizás los que gobiernan la tierra, deberían hacer como el halcón y tomando distancia comprobar el daño tan inmenso que estamos infringiendo a nuestra madre tierra, quizás aún estemos a tiempo de salvarla.


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