Granada por una Nueva Cultura del Territorio

La Vega del Guadalfeo no tiene quien la abrace

Fernando Alcalde. Especialista en Medio Ambiente y miembro de Buxus, asociación ecologista de la Costa granadina

Domingo 12 de junio de 2016 por Veguita de Graná

Fernando Alcalde conoce muy bien la Vega del Guadalfeo y nos pasea por ella y su historia no lejana con un verbo fluido y bello. Fernando asegura que esta vega no tiene quien le cante ni la mime, fruto, quizás, de la relación inclemente que se ha mantenido con ella; pone de ejemplo la caña de azúcar y una cita que lo dice todo; “El Señor estuvo en la cruz, pero no estuvo en las cañas “. Posiblemente, piensa el autor, “solo quienes no la labramos seamos quienes más la amamos, pero como se ama en los amores desleales, idealizados por estar liberados de las asperezas de la convivencia”. Fernando parece nadar en la desesperanza, primero por el ladrillo y después por ese capitalismo que ha arrinconado a la agricultura social, pero a partir del recuerdo del Parque Agrario del Bajo Llobregat y del intento de crear una experiencia similar en la Vega del Guadalfeo, Fernando recupera la esperanza; nuevas gentes cultivan la Vega... “Quizás hoy sea un buen momento para recuperar aquella idea del parque agrario de la Vega del Guadalfeo, de dar el abrazo que nunca dimos”, concluye el autor de este entrañable artículo.
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La vega es un espacio vivo en continuo cambio. El alma salvaje y húmeda del Delta aparece cada vez que el hombre deja de mimar la tierra. Foto de Eduardo Cruz.

Fernando Alcalde. Especialista en Medio Ambiente y miembro de Buxus, asociación ecologista de la costa granadina

Fotos: Archivo de Ferrnando

Granada vive en un abrazo continuo con la vega; así lo expresó Alberti y no cesa de recordarlo mi amigo Paco Cáceres, de Somos Vega. Somos Tierra, que no descansa, junto con otros muchos, en recomponer día a día ese abrazo que rompen los vertidos, las urbanizaciones, las carreteras, el abandono…La vega de Granada tiene quien la quiera y quien la abrace. Y tiene un Plan Especial de Protección, aunque sea un salvocunducto que cada alcalde interpreta a su manera.

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La construcción de la vega del Guadalfeo ha estado ligada históricamente a la introducción del cultivo de la caña de azúcar en el siglo VIII y con ella, el surgimiento de la ciudad de Motril.

La Vega del Guadalfeo no tiene quien la cante ni quien la mime. Es posible que esa apatía sea fruto de la relación inclemente que se ha mantenido con ella, pues la vega no es más que el delta domado, educado al gusto y provecho de los hombres tras una batalla de cientos de años contra las algaidas y pantanos, y contra las aguas rebeldes de las Alpujarras. Sobre esa tierra movediza se impuso la caña de azúcar y los ingenios, que hicieron que la pequeña alquería de Mutrayil eclipsara a la madina Salawbinya. De ella vivieron duramente sus hombres y mujeres convertidos en braceros de monda y zafra, con las caras tiznadas y los brazos desollados, cuyo sufrimiento enriqueció aún más a los marqueses y señoricos de apellidos acampanados que siguen nombrando calles, plazas y saldos bancarios. El Señor estuvo en la cruz, pero no estuvo en las cañas, se dice por aquí.

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La zafra o corta de la caña ha sido uno de los trabajos más duros. “El señor estuvo en la cruz, pero no estuvo en las cañas”. Se dice por aquí.

Posiblemente por la severidad con la que la vega cobró cada suspiro de su alma de delta salvaje, pocos la han abrazado en su historia de siglos. Solo quienes no la labramos, los que paseamos junto a sus venas de agua sin atender a peleas de puchas, los que disfrutamos del frescor del relente sin estar atentos a las tandas y las tornas, sin ser rehenes del gusano o el mosaico, del callo y el sol, los que no sufrimos sus desventuras, seamos quienes más la amamos, pero como se ama en los amores desleales, idealizados por estar liberados de las asperezas de la convivencia.

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Labrar la vega ha sido un trabajo duro que ha establecido una relación inclemente entre la tierra y sus habitantes.
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El uso tradicional del agua mediante inundación permite la recarga del acuífero, la moderación de la temperatura ambiental y la diversificación de los hábitats.

En los últimos años Motril y Salobreña abandonaron definitivamente el lazo con la tierra embriagados por el delirio del ladrillo. El cadáver troceado de la vega se vendió a pedazos para edificar sobre él el sueño fugaz de la riqueza de los pobres. Y al hacerse de día la vega apareció invadida de tumores, de viviendas ilegales, de vertidos y residuos, de almacenes de chatarra y reses abandonadas, de aguas que se desbordan y acequias desecadas. La tierra era propiedad de bancos malos y promotores arruinados: de nadie.

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El paisaje de cultivos subtropicales está recogido como singular en el Plan de Ordenación del territorio de Andalucía y sustenta la identidad de la comarca La Costa Tropical.
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El paisaje es la construcción patrimonial de las gentes de abajo, de los que solo tienen sus manos para trabajar. La especulación y la economía del ladrillo siguen destruyendo los últimos reductos d

El proceso que ha afectado a la vega del Guadalfeo no es distinto al de otros espacios periurbanos en los que el medio rural ha perdido su funcionalidad frente al crecimiento y la terciarización de las ciudades. La agricultura social ha sido arrinconada por el mercado y el poder de la agroindustria: Es el capitalismo estúpidos, claro, y en su canibalismo, las funciones ambientales, culturales y sociales han sido desolladas ante el apetito especulativo. Pero en algunos lugares se fraguaron resistencias de las que aprender. En nuestro país, la primera respuesta, y quizás la más sólida, se concretó en el delta del Llobregat, asfixiado por el crecimiento de Barcelona y su cinturón, por el puerto y el aeropuerto; cinco millones de almas y el 13% del PIB español. Allí la Unión de Pagesos, la Diputación de Barcelona, la Generalitat y los 14 ayuntamientos afectados, junto con un equipo de enamorados, puso en marcha en 1998 el Parque Agrari del Baix Llobregat, una figura que unía la protección urbanística, la producción agraria y los usos culturales, ambientales y sociales a través de un plan de uso y gestión. A esta iniciativa de salvar las vegas se unieron otras en el ámbito europeo (Génova, Milán, Paris) y más recientemente en nuestro país Alicante, Sabadell, Fuenlabrada y Guadalhorce.

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Nuevos cultivos ocupan la vega. Aun queda esperanza.

En Motril lo intentamos en 2006. Un convenio de colaboración con la Universidad de Granada permitió realizar el diagnóstico y la propuesta de intervención. Montasent, gerente del Parque Agrari, se desplazó desde Barcelona y se entrevistó con labradores y propietarios, pero la idea no tuvo quien la abrazara; era el momento de la explosión inmobiliaria y los pequeños y grandes propietarios nos miraron con estupor e ira entrelazados: el sueño de la riqueza no pasaba por volver a la tierra.

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9 La propuesta de Parque Agrario realizada en 2006, y arrinconada desde entonces, está hoy más vigente que nunca.

Sobre el cadáver moribundo de la vega, nuevas gentes han venido de fuera a limpiar sus heridas y desenfangar sus arterias, a peinar de surcos su piel, a embarazar la tierra de brócolis y lechugas. La vega se ha vuelto a alunarar de verde; cada vez hay más parcelas vivas y más gente hollándola. Quizás hoy sea un buen momento para recuperar aquella idea del parque agrario de la Vega del Guadalfeo, de dar el abrazo que nunca dimos.


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