Granada por una Nueva Cultura del Territorio

Una mirada crítica al estado actual de las vegas y huertas mediterráneas desde el Proyecto Pedaladas por la Vega.

Francisco Javier Peña Rodríguez, Iván González Montes de Oca, Álvaro Peña Rodríguez y Sergio Arboleda Estudillo. Salvemos la Vega-VegaEduca y Pedaladas porla Vega

Lunes 30 de noviembre de 2015 por Veguita de Graná

“¿Cómo os presento para publicar el artículo?”, le pregunté a Francisco Javier. Pongo sus palabras; “Para presentarnos creemos que lo vital es darle importancia a las vegas y huertas, que realmente fueron las protagonistas de nuestra andanza. Se nos puede presentar como Francisco Javier Peña Rodríguez, Iván González Montes de Oca, Álvaro Peña Rodríguez y Sergio Arboleda Estudillo, cuatro jóvenes que pertenecen al colectivo Salvemos la Vega- VegaEduca y al proyecto Pedaladas por la Vega y que querían aportar su grano de arena a la sociedad. El proyecto nace de la necesidad que proteger nuestro patrimonio histórico, nuestras vegas que han permitido la vida durante siglos, en el caso de Granada mil años ya... Queremos que el protagonismo lo tenga nuestra visión crítica de las Vegas, así que con esa pequeña presentación creo que está bien”.

Francisco Javier Peña Rodríguez, Iván González Montes de Oca, Álvaro Peña Rodríguez y Sergio Arboleda Estudillo. Miembros de Salvemos la Vega- VegaEduca y al proyecto Pedaladas por la Vega.

Decidimos escribir este artículo debido a una actividad que realizamos el verano anterior. Una actividad que nació a raíz de cuatro jóvenes que participamos en el colectivo Salvemos la Vega-VegaEduca. Nuestra presentación ahora importa menos, lo importante es el nombre de la Vega de Granada y de las huertas mediterráneas milenarias.

Y es que nuestra actividad nació de la Vega. Esta rica tierra, que durante siglos alimentó a Granada siendo su motor socioeconómico y cultural, y que ha visto en unas pocas décadas como la ciudad se ha desvinculado de ella. Cemento, ladrillo, carreteras, especulación, centros comerciales, falta de reconocimiento a la agricultura…, han sido las palabras que han roto el nexo con nuestra tierra. Una tierra que ha permitido la existencia de Granada, y por lo tanto una tierra que no nos podemos permitir perder, porque con ella perderíamos nuestra historia, nuestro oasis a unos metros de la ciudad.

Nuestro viaje nació la necesidad de proteger nuestro entorno más cercano, nuestro patrimonio histórico. Debíamos lanzar una voz de alarma por el 40 % de suelo fértil de Vega que habíamos perdido en estos 30 últimos años por culpa de un modelo insostenible. Y como jóvenes que éramos, solo teníamos nuestras manos. Ya habíamos escuchado a algunos políticos decir que "los que vengan después que se las apañen".

A partir de esta impotencia decidimos unir tres pasiones que eran vitales para nosotros: el deporte (con la bicicleta), el medio ambiente (enlazando y reivindicando nuestras vegas y huertas) y viajar (para nosotros sinónimo de aprender). Para ello realizamos un recorrido en bicicleta desde Granada hasta Florencia, debido al parentesco agrario y cultural que une la Vega de Granada con la Toscana. Se realizó en 34 días con un recorrido de 2800 kilómetros. El motivo del viaje fue reivindicar la defensa de las huertas Mediterráneas que han permitido durante siglos nuestra soberanía alimentaria.

De ello nos gustaría hablar un poco en este artículo y transmitir una visión crítica del estado en el que nos encontramos el paisaje agrario a lo largo de nuestra ruta.

La primera mención debe ser Almería. Fue el primer lugar en el que encontramos problemas serios y desoladores . Un mar de plástico como indica esta nueva serie de televisión rodeaba toda la vista. El problema es aún mayor, ya que se ha intensificado en esta zona el uso de fertilizantes tóxicos y productos transgénicos. Los recipientes de los fertilizantes químicos los encontrábamos amontonados en las cunetas de las carreteras y caminos. Junto con este problema nos encontramos una gran explotación laboral hacia trabajadores inmigrantes. Hablamos con algunos de ellos y nos decían que era muy duro trabajar en los invernaderos con tanto calor, sueldos precarios y jornadas de horas y horas sin descanso. Pero también nos decían que no podían morirse de hambre. Este es un problema que nuestro país y Europea pueden y deben solucionar. Solo basta con ayudas para introducir a estas personas en un trabajo y una vida digna, y cooperación en los países de origen; nos confesaban que se quedarían en su tierra si pudieran, si no tuviesen que huir guerras, hambre y miseria. También se mejoraría con una legislación que prime lo ecológico por delante de lo tóxico, haciendo una mirada hacia nuestra salud.

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Campo de golf en pleno Parque Natural de Cabo de Gata, Almería.

Tras esta realidad tan cercana y a la vez olvidada, o más bien manipulada por el neoliberalismo, pasamos a la siguiente escena: la huerta de Murcia. Nada más llegar los problemas nos parecieron similares a los de Granada. El PGOU de esta ciudad planeó la construcción de 1 millón de viviendas en 2001. En 2013 en Murcia había menos de 450.000 habitantes. Esto nos indica las ganas que tienen algunos por llenarse los bolsillos a costa del futuro de generaciones venideras, eligiendo un modelo cortoplacista que para nada piensa en nuestro planeta. Esta situación la hemos ido viendo en todas las ciudades. Cada una tiene una particularidad distinta, pero todas el mismo problema, un modelo insostenible. En Elche, donde los palmerales habían sido signo de identidad e historia pudimos observar el mismo abandono.

En Alicante el caso que nos encontramos era extremo. Vistamos la Finca Morote, el último reducto vivo de huerta que quedaba. Una extensión de varias hectáreas que había conseguido sobrevivir como los Astérix de la huerta. El resto de la zona ya era historia, las raíces históricas de un territorio enterradas bajo un manto de cemento. Esta huerta convivía con varias carreteras y una autovía que había acabado rodeándola, y como no, a costa de expropiar terreno a la huerta, que tal y como nos contaban los dueños de la finca antes era mucho más grande y estaba rodeada de más huertas. En esta huerta vimos varias especies tradicionales y únicas de vid, junto con una almazara muy antigua y numerosas herramientas de hace muchos años. No os imagináis el museo que se puede destruir si se acaba también con este pequeño trocito de huertecita que resiste en Alicante.

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Girasol en la Finca Morote. A su lado una autovía, pero la Finca

Pasamos a Valencia. La historia se repite. Largos años con gobiernos "veguicidas" que no saben donde hay que plantar un tomate y donde hay que poner un ladrillo. La huerta de Valencia había sufrido grandes problemas en estos años gracias a un gobierno que solo pensó en ella para especular. El boom urbanístico había sido como ácido vertido sobre ella. Todo lo que tocó se lo "cargó". Gracias a colectivos, redes de profesores, agricultores y un cambio de gobierno se apreciaba que la situación estaba mejorando. En Valencia cada día son conscientes de la necesidad de construir la sociedad desde abajo hacia arriba gracias a la participación social. y esto se apreciaba en proyectos como huertos sociales o cooperativas ecológicas.

De Valencia nos pasamos a Barcelona, donde creemos que es preciso detenerse un poco. Especialmente en el Parc Agrari del Baix Llobregat, donde nos recibieron tan dulcemente como en los demás territorios. Allí también tenían una agricultura condicionada por el espacio urbano, pero en el Baix de Llobregat consiguieron crear un instrumento para resolver los problemas del espacio agrario que el marco estatal no ha sabido solventar. Esta figura empieza a promoverse por la Diputación y por la Unió de Pagesos ( unión de agricultores) haciendo que el proyecto fuera impulsado con la participación de ciudadanos y agricultores. Su objetivo es conseguir una agricultura viable dentro de un marco de agricultura ecológica. Crean para ello tres instrumentos: un ente gestor ( el Consocio del Parque Agrario) que promueve los recursos humanos, económicos y el desarrollo del parque; un Plan Especial que delimita el suelo del parque y sus usos (agrícolas) ; y por último un Plan de Gestión y Desarrollo que establece las líneas estratégicas, objetivos y actuaciones en base al Consorcio. Se trata de un lugar que está siendo eficiente en productividad, protección y mejora del medio ambiente, y que nos ofrece la oportunidad de desarrollar distintas modalidades como el agroturismo, turismo rural, ornitología, fotografía, deporte, cultura o arte entre muchas otras. De nada vale gestionar un espacio si no hay una gestión eficiente del mismo, y esto lo tiene bien claro Josep Montasell, un gran experto en este tema. Para ello es necesario el apoyo de los diferentes niveles de la Administración, pero sobre todo de los agricultores y la sociedad civil que deben dirigir el proceso, pues tienen en su mano la llave para abrir paso a un nuevo modelo construido desde la ciudadanía hacia arriba, un modelo sostenible que engendre puestos de trabajo y soberanía alimentaria.

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Cultivo de alcachofas ecológicas en Parc Agrari del Baix Llobregat.

Pasamos al último ejemplo que nos gustaría comentar en este paso por el patrimonio agrario del litoral Mediterráneo. Atravesamos los Pirineos y la costa azul con pedaladas de esperanza, y entramos en la bella Italia. Y más bella nos pareció cuando estudiamos su entorno agrario, y en especial la Toscana. Nos sorprendió como en la Toscana se valora y protege el paisaje agrario, son conscientes de que ese paisaje es fuente de riqueza y turismo. También de que ha sido originado por la agricultura, y por lo tanto por los agricultores que durante siglos lo han modelado. La Vega de Granada puede ofrecer las mismas posibilidades si se protegen y reivindican sus valores. Los árabes ya nos hablaban de nuestra Granada como un paraíso que recibe el agua de las montañas y no escasea el alimento por la riqueza de su Vega. El caso es que en la Toscana están sabiendo aprovechar estas oportunidades. Son conscientes de la calidad de sus productos locales y los favorecen ante otros productos, pues saben que comprando local favorecen economías del entorno. Vimos el caso de un pueblo en donde se quería construir una incineradora. Los ciudadanos la vieron como un peligro para su salud, y gracias a la participación social se paralizó el proyecto. Se empiezan a desarrollar en la zona proyectos donde la sociedad deja de ser un mero observador y pasa a ser actor. Se introduce el diálogo en una gobernanza donde empieza a participar la sociedad. Ya en 1990 la Administración Pública de Italia señalaba que había que promover proyectos de participación, y se empiezan a implementar proyectos sociales y figuras como parques agrarios, que no tienen una forma establecida sino que se adaptan a los territorios, sus particularidades y la demanda social. Estos proyectos empiezan con una participación social directa, un contacto continuo con los habitantes para ver como está el territorio y que se quiere de él. Se trata de crear un pacto que todo el mundo tome como suyo porque todos han participado para darle vida. Se crea en conjunto un análisis en el que participa la sociedad, y como nos señalaban nuestros amigos italianos, "los fracasos merman conforme la participación aumenta". Ya sabemos que los políticos se mueven por votos, pero si en la sociedad hay una demanda se moverán hacia ese cambio. Se crean grupos de consumo donde los consumidores se organizan para pedir productos locales. En resumen, se busca una agricultura multifuncional , que debe tener en cuenta funciones más allá de la agricultura como el paisaje, la cultura o la creación de bienestar.

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El ser humano está casi compuesto de agua en sentido literal,

Como conclusión, y por hacer una humilde aportación como jóvenes, creemos que las cosas se pueden hacer de otra manera puesto que lo hemos visto en otros lugares. Este modelo insostenible va en contra de nuestra propia existencia, no podemos seguir así, o más bien, no duraremos mucho así. Debemos proteger nuestra tierra, el 60% de Vega granadina que ha sobrevivo puede dar mucho futuro. La agricultura puede dar mucha riqueza, lo lleva haciendo durante toda nuestra existencia, pero hay que ser conscientes de ello, el agricultor nos da de comer tres veces al día. Como dice Miguel Vílchez, un agricultor de la Vega de Granada: "las papas no crecen en los tejaos". Es por ello que lanzamos un mensaje a toda la sociedad, debemos construir un modelo que busque la equidad y piense en los que vienen después, y esto debe hacerse entre todos, con participación directa y consenso. Así es como se construye la verdadera democracia. Por último dejar una cita de Galeano que resume bien nuestra lucha: "Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo".


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