Granada por una Nueva Cultura del Territorio

Y las palabras volvieron a Las Palomas

Paco Cáceres. Texto. Gloria Pérez. Ilustraciones

Jueves 15 de diciembre de 2011 por Correos de la Vega

El Ayuntamiento de Granada cerró la biblioteca de Las Palomas en la zona más humilde del Zaidín, el barrio se movilizó, pero no sólo la gente; en este cuento también se movilizaron las palabras para volver a su biblioteca. ¿Lo conseguirán?

La biblioteca de Las Palomas del Zaidín, ubicada en la zona más humilde del barrio, fue cerrada por el Ayuntamiento de Granada y los libros fueron trasladados a otra nueva biblioteca a otro lugar mucho más alejado. Esta actuación del Ayuntamiento de Granada aleja la posibilidad de acceder a la lectura a gente sin recursos. Abrir una biblioteca es importante, cerrar otra, una barbaridad. Pero el barrio no permanece callado, desde entonces ha emprendido una lucha constante y continuada, primero porque no cerraran la biblioteca, ahora por que la reabran... ¡Ánimo!

Y las palabras volvieron a las Palomas

Cuento dedicado a la lucha de la Plataforma por la Reapertura de la Biblioteca de Las Palomas del Zaidín

Texto Paco Cáceres. Correos de la Vega-www.otragranada.org. veguitaddegrana@gmail.com Ilustraciones Gloria Pérez. Equipo de Comunicación de Salvemos la Vega

Las primeras noches fueron horribles, estar en aquellas estanterías desconocidas, lejos de su dulce hogar, de sus queridos lectores. Las palabras, nerviosas y tristes, empezaron a removerse en las hojas de los libros y, por primera vez en la historia, hicieron lo que no habían hecho nunca; bajar de las estanterías a las mesas para arroparse unas a otras y recordar viejos tiempos. “Te acuerdas cuando Pedrito se metía tanto en las historias que siempre nos mojaba con sus lágrimas o nos hacía sonreír con sus risas?” “¿Cómo se llamaba aquel anciano que aprendió a leer a los 70 años y ya nunca nos abandonó?” “¿Y aquella mujer de la Red de Mujeres tan encantadora que nos sonreía mientras leía nuestros títulos?” La palabra Sabiduría recordaba a las otras palabras; “Hicimos una gran labor entre gente humilde, entre los niños y ancianos del barrio. También les venían a la memoria las maestras, bibliotecarias... ¡Qué tiempos! De esta forma las palabras reducían un poco su tristeza.

Una noche, Esperanza le dijo a las otras palabras; “¿y por qué en vez de vivir del pasado no construimos el futuro”. “¿Qué quieres decir” le preguntaron varias a la vez. “Sencillo, ¿por qué no volvemos a nuestra biblioteca?” “¡Somos palabras, letras!” le dijo una del fondo que era difícil de reconocer. “¿Y qué? La otra biblioteca está en el barrio, sólo tenemos que ir para allá”. Las palabras se miraron unas a otras con extrañeza, Esperanza siempre tenía eso; esperanza, pero la realidad era otra. “¿Cómo se iban a desplazar las palabras si ya bajar a las mesas les suponía un grandísimo esfuerzo?” Se hizo un silencio total, de pronto, la palabra Lucha gritó; “las palabras unidas jamás serán vencidas... los humanos dicen eso ¿no?” Aquel grito contagió a otras palabras que dijeron “¿y por qué no lo intentamos?” “pero si somos débiles, no estamos hechas para andar” se quejó Realidad. Parecía que iban a reconocer sus debilidades, pero las palabras de un libro de educación física hizo que se pusieran de pie y habló una de ellas; “nosotras tenemos las claves para ponernos fuertes, para poder caminar, incluso correr... Hay muchos humanos que después de consultarnos han mejorado mucho su condición física... Al menos eso se comentaban de vez en cuando unos a otros”.

Y así fue como en aquel ambiente de nostalgia y esperanza, las palabras decidieron entrenar para ponerse en forma y caminar hasta su antigua biblioteca. Pero de pronto, alguien volvió a enfriar el ambiente; “Yo quiero irme con vosotras a nuestro antiguo hogar, pero ¿ha pensado alguien que nunca salimos de la biblioteca hasta que nos cargaron en camiones y no vimos ni el camino? ¿cómo llegar entonces hasta allí?” Hubo un largo silencio que presagiaba el fin del bello sueño de una noche de otoño. Entonces, de un rincón salió una voz chillona; “Mira, pues soy más importante de lo que me creía, a mí casi nadie me consultaba porque casi todos conocían el barrio y la ciudad. No sabéis la envidia que sentía cuando pasaban por mi lado sin mirarme y se dirigían a uno de vosotros. Pero bueno, ha llegado mi hora de ser útil. Para algo soy un callejero de Granada y tengo un plano de todas las calles de los barrios, del Zaidín también, claro está. Por tanto estoy disponible a partir de ahora para ver el camino más corto que nos lleve a la Plaza de las Palomas. Aquello desató la euforia. Era el momento de irse a descansar. Y así lo dijo Compromiso; “A partir de mañana empezamos los entrenamientos. Ahora, buenas noches, colegas”.

Al día siguiente, tras cerrar la biblioteca, los libros de educación física se abrieron por las páginas donde venían explicados los ejercicios, y Gimnasia se puso al frente de los entrenamientos. Sala arriba, sala abajo. A fortalecer músculos y articulaciones, porque las palabras, aunque parezca que no tienen esas cosas, sí que las tienen, pero muy escondidas y casi atrofiadas, pero bueno, con voluntad y ejercicio, en dos meses habían cambiado su aspecto físico, si bien las letras más desgastadas, las que tenían algo así como artrosis o artritis, no estaban muy allá que digamos y se decían entre ellas que irse era una aventura muy osada para su estado, pero Solidaridad que las escuchaba dijo tajante; “Os ayudaremos y llegaréis como todas nosotras. No os dejaremos ni un paso atrás”.

Cuando Gimnasia le dijo al equipo coordinador de esta aventura; “Ya están todas preparadas, cuando queráis partimos”. ¿Y cuándo salir? Idearon hacerlo una noche de lunes que hay menos ambiente en la calle y podrían pasar desapercibidas. Las palabras se organizaron; todas cogían el libro al que pertenecían, lo aupaban y echaban a andar. Lograron salir por un hueco que descubrieron en noches anteriores. En primer lugar iban los libros de planos y parte del equipo, en medio iban las palabras más débiles, y delante y detrás de éstas las demás. Y empezó la aventura de calle; al principio iban decididas, esperanzadas, pero en las calles había charcos, el propio frío las arrugaba un poquito, tenían que subir y bajar aceras, los coches en mitad, como siempre... No llevaban cincuenta metros cuando ya las más débiles empezaron a desfallecer, a éstas se sumaron otras que no tenían la suficiente resistencia, de pronto, una nube descargó una lluvia fina y las palabras no sabían dónde guarecerse. Hasta Esperanza estaba desesperanzada. Vista la situación, el equipo coordinador iba a proponer una retirada. El sueño más hermoso se deshacía en una noche fría y de fina lluvia. Quiso la suerte, o la justicia más bien, que Pedrito, el antiguo lector pasara por allí de vuelta a casa y que viera uno de sus libros preferidos; “¡El Lazarillo de Tormes! ¡Cómo disfruté contigo! Y dicho esto cogió el libro y vio las palabras descolgadas. “Y esto que es?” Entonces las palabras le contaron su aventura y su fracaso.

“¿Fracaso? ¡Eso nunca! ¡No sabéis quién es Pedrito” Y echándose mano al bolsillo, sacó su móvil y envió un breve mensaje de texto a todos sus amigos. Y éstos a su vez, cuando los recibieron los reenviaron. Los que estaban con el ordenador difundieron por correos, Facebook, Twitter y todas las demás redes... “¡Todos a la plaza de Fontiveros. SOS palabras/libros/Palomas!” Y en una hora se congregaron allí más de mil jóvenes, niños, mayores, ancianos... Afortunadamente había dejado de chispear y no hacía tanto frío. Cuando la gente vio el estado en el que estaban las palabras y escuchó contar a Pedrito la aventura, la emoción se desató y a muchos se le saltaron las lágrimas. Un bello sentimiento se adueñó de la plaza, los árboles agachaban sus ramas para ver qué pasaba. Y la noche desierta se llenó de calor humano. Y Pedrito, que mientras esperaba había pensado qué hacer, comenzó a organizar a la gente, cada uno debía de coger los libros que pudiera y encaminarse a las Palomas y una vez allí alguien tenía que abrir la antigua biblioteca como fuera para que los libros pudieran ponerse aunque sea en el suelo a la espera de que volvieran las estanterías. Y así, durante varias horas el Zaidín fue un ir y venir transportando las palabras en sus respectivos libros. En el trayecto los libros presentaban los protagonistas de sus historias a los que les transportaban; éstos a su vez comentaban, proponían y se convertían en un protagonista más de los propios libros. Algunas personas incluso se demoraban para acabar de escuchar un relato o una bella historia. Una vez que había concluido la misión, se puso un turno de vigilancia y todos fueron a contar la bella historia llena de magia en que los libros quisieron volver a su antigua biblioteca. A pesar de que todavía no había amanecido, la historia corrió como un reguero de pólvora; en los bares mañaneros, en las paradas de los autobuses, en las primeras tiendas que empezaron a abrir, en las casas... A las once de la mañana miles y miles de personas llenaban la plaza de las Palomas y empezaron a gritar; “Son nuestras palabras. No nos las quitéis. Ésta es su casa”. También contaban las historias que les habían contado los libros y el diálogo que habían mantenido con ellos. Era curioso, al final todos querían leer todos los libros; incluso los de los planos y callejeros. La noticia, que había llegado a otros barrios empezó a movilizar a todo tipo de personas, que querían conocer la historia en vivo y ver a los libros valientes y aventureros. Poco a poco el Zaidín se llenó por todos los costados de una marea humana de apoyo a los libros. Cuando el Ayuntamiento fue informado de la rebelión popular y de la inmensa ola de solidaridad que se había desatado, no tuvo más remedio que dar marcha atrás. Aquel día un responsable municipal dijo por la radio; “nos han interpretado mal, lo que queríamos era arreglar la biblioteca para que los libros estuvieran más a gusto, pero por supuesto, nadie pensó en cerrarla. Jamás”. Sea como sea los libros habían llenado de optimismo a toda la sociedad zaidinera y granadina. Había grupos que sacaron enseñanzas; “si las palabras han sido capaces de tamaña osadía; ¿por qué no vamos a ser capaces nosotros de salir de la crisis actual, de nuestro enquistamiento?” Y un rayo de esperanza alumbró a muchas personas que posteriormente lucharon por una sociedad mejor.

Y así fue como el sueño de las palabras se convirtió en realidad con la ayuda de todo un barrio. Eso sí, antes de irse de su nueva biblioteca dejaron un mensaje; “Queridas personas, ojalá vengan muchos libros a esta biblioteca, nuestra ida no es un desprecio, simplemente sentimos nostalgia de nuestra antigua biblioteca y de nuestros lectores”.

La biblioteca de Las Palomas volvió a abrirse dos semanas después, cuando las palabras se repusieron del tremendo desgaste sufrido en la noche de la aventura. Un año después, según las estadísticas, es la más visitada y la más querida de Andalucía. ¡Cómo disfrutaron desde entonces las palabras de Las Palomas! Eso sí, todas las noches bajaban de las estanterías a las mesas para hablar de sus cosas, contarse anécdotas y algún que otro cuchicheo.


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