Granada por una Nueva Cultura del Territorio
Relatos vraniegos

¡Qué cosas tan raras dicen los demás!

Lunes 2 de agosto de 2010 por Correos de la Vega

Un jilguero que volaba por la vega escucha a la rana, el mirlo y el grillo, y le parece que dicen cosas raras. Anota los cantos de estos animales y los consulta en su Diccionario Sonoro Animal. ¡Qué sorpresa! El jilguero hace sus sabias reflexxiones.

Paco Cáceres

En cierta ocasión volaba un jilguero por la vega y le dio por observar a otros animales. Cuando pasaba junto al río Dílar, después de aquel invierno lluvioso, unas ranas croaban junto al agua. Al acercarse escuchó “Croa, croa, croa, croa” Y sorprendido exclamó; “¡Qué cosas tan raras dicen las ranas!” Éstas, que se habían percatado de la presencia del jilguero y de su canto volvieron a croar; esta vez de una forma distinta. El jilguero sorprendido por ese cambio dijo; “Anotaré en mi cuaderno esta forma de croar para consultarlo en mi diccionario sonoro animal”.

Más tarde, mientras se posaba en la rama de uno de los álamos de la inmensa alameda que había junto al río, escuchó el canto de un mirlo. El jilguero exclamó; “Qué cosas tan raras dice el mirlo”. El mirlo que había visto y escuchado el canto del jilguero, volvió a cantar, pero ahora lo hizo de otra forma. El jilguero, sorprendido de nuevo dijo; “Anotaré en mi cuaderno este tipo de canto para consultarlo en mi diccionario sonoro animal”.

Ya al anochecer, un grillo llamó la atención del jilguero con su “cri cri”. “¡Qué cosas tan raras dice el grillo!”. Éste que intuyó la presencia del jilguero y había escuchado su último canto del día, entonó un “cri, cri, cri, cri” distinto. El jilguero, después de escucharlo, volvió a coger su cuaderno y lo anotó para poder consultarlo después en su diccionario sonoro animal.

A la mañana siguiente, a la luz del día, el jilguero buscó por algún rincón de un tronco viejo su diccionario y fue anotando el significado de los sonidos de la rana, el mirlo y el grillo. Cuando concluyó su tarea dijo: “¡Qué curioso! Cuando me habían escuchado, los tres hicieron la misma exclamación...” “¡Qué cosas tan raras dice el señor jilguero”.

El jilguero, que además de observador era reflexivo, después de mucho pensar cogió su cuaderno de notas y escribió lo siguiente: “No eran raras las cosas que decían, simplemente se comunicaban así. Tampoco serían raras sus miradas, sus movimientos o sus costumbres; eran las formas de ser y de comportarse de las ranas, los mirlos y los grillos. Los jilgueros tenemos las nuestras... Y visto... bien visto, hay que asegurar que gracias a ello la vida es diversa, plural y poco aburrida. ¿Qué sería de un campo que sólo tuviera cantos de jilgueros o sólo escuchara el croar de las ranas...?”

Una vez escritas, el jilguero leyó sus anotaciones para ver cómo quedaban, y mirando primero hacia arriba a una nube blanca y algodonosa que había por encima de la alameda y después a un agricultor que pasaba con una bolsa de habas por el camino hacia Ambroz, se dijo entre cantares: “Tengo curiosidad por saber si esta reflexión se la han hecho los humanos alguna vez. ¿Se verán ellos raros entre sí?”


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